La alimentación rica en grasas y sodio y pobre en fibras se considera un factor de riesgo de enfermedades metabólicas. Los hábitos alimentarios son incorporados en la niñez y perduran en la edad adulta, y se determinan por las costumbres familiares que dependen de factores variados.
Una alimentación balanceada en la infancia, contemplando las necesidades energéticas y de nutrientes según la edad, permitirá un correcto crecimiento y desarrollo sin incurrir en excesos ni déficit.
Es muy importante realizar diariamente las cuatro comidas: desayuno (25% del VCT), almuerzo (30%), merienda (15%), cena (30%). El desayuno es especialmente importante ya que contribuye a la prevención de la obesidad, además de mejorar el rendimiento físico e intelectual escolar.
El comité de la Academia Americana de Pediatría propone limitar el agregado de sal en las comidas y el consumo de alimentos procesados y envasados en general.
Las consideraciones nutricionales específicas serán tratadas para cada uno de los factores de riesgo.



