Una alimentación insuficiente se manifiesta por desasosiego y llanto, además de que el niño no gana peso de manera adecuada. Puede deberse a que no sea capaz de ingerir la cantidad de comida suficiente incluso aunque se la ofrezcan. En estos casos, deben investigarse la frecuencia de la alimentación, la mecánica de ésta, el tamaño de los agujeros de la tetina, si eructa adecuadamente, la posibilidad de una relación madre hijo anómala, y la posibilidad de que el lactante sufra una enfermedad sistémica.
La extensión y duración de la alimentación insuficiente determinan las manifestaciones clínicas; el estreñimiento, el insomnio, la irritabilidad y el llanto excesivo son habituales. La ganancia de peso puede ser lenta o incluso existir una pérdida, en éste último caso, la piel se torna seca y arrugada, el tejido subcutáneo desaparece y el niño adquiere aspecto de un “viejo”.
El tratamiento de la alimentación insuficiente incluye el incremento del aporte de nutrientes, la corrección de las carencias vitamínicas o de minerales e instrucciones a la madre respecto a como alimentar a su hijo. Si la causa es una enfermedad sistémica subyacente, abandono o maltrato o problemas psicológicos, será necesario tomar medidas específicas al respecto.









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