El ácido fólico es necesario por sus efectos hematológicos, la carencia de folato ante del embarazo, o durante este, puede producir efectos dismórficos graves en el feto, los defectos en el tubo neural son los más frecuentes.
El consumo de 400 microgramos de ácido fólico durante el período periconcepcional disminuye notablemente la incidencia de defectos del tubo neural y de otros tipos, así como la incidencia de partos prematuros. Los alimentos pueden enriquecerse con folato como medida preventiva para disminuir la incidencia de defectos en el tubo neural.
Dicho enriquecimiento debe asegurar un aporte de 100-200 microgramos cada 24 horas. Los cereales son los alimentos enriquecidos con mayor frecuencia; se ha recomendado que todas las mujeres en edad de procrear reciban un suplemento diario de 400 microgramos de folato.
Los episodios trombóticos relacionados con unas concentraciones ligeramente elevadas de homocisteína en los adultos pueden reducirse mediante el consumo diario de 1 mg de ácido fólico en combinación co 5-100 mg de piridoxina. Sin embargo, para normalizar los valores de homocisteína pueden requerirse suplementos de betaína y vitamina B12. Las dosis de ambas son considerablemente menores que las administradas en el error congénito del metabolismo denominado homocisteinuria.


