Desde la etapa neonatal se muestra una preferencia por el sabor dulce y un rechazo por el amargo y el ácido.
La lactancia natural favorece la aceptación de nuevos alimentos porque los sabores de los alimentos ingeridos por la madre están presentes en forma deindicios en su leche y su experimentación favorece su ulterior aceptación.
Los humanos, como omnívoros, tendemos a rechazar alimentos nuevos o desconocidos (“neofobia”). Pero el rechazo inicial puede irse transformando en aceptación por asociación con un entorno afectivo positivo o con las consecuencias gastrointestinales satisfactorias de su ingesta.
En un entorno libre de hambre, el placer de la situación alimentaria tiene un papel más importante que la necesidad-hambre del niño. Si no es por estricta necesidad nadie introduce en su propio cuerpo lo que no le apetece, y menos aún si median presión o violencia. Así, el acoso para comer propicia la aparición de aversión hacia la comida. Cuando dejamos al niño seleccionar entre los distintos alimentos que le ofrecemos, la dieta seleccionada será correcta, suficiente y equilibrada.
La diversificación alimentaria es casi completa a partir de los 18 meses, abarcando los diversos sabores, texturas y situaciones presentes en sus modelos alimentarios de referencia (grupo familiar, grupo escolar o grupos de ocio). El niño que reciba una oferta dietética correcta y sin coacciones aprende a regular el total calórico y proteico de la ingesta diaria y consolidará sus hábitos alimentarios. El origen de la mala alimentación radica en una incorrecta oferta dietética. Por ejemplo: algunos estudios realizados en España muestran que un 30% de los niños sólo ingieren desde la cena hasta el siguiente almuerzo (16 horas, aproximadamente) un vaso de leche.
Los padres que presionan a sus hijos a comer suelen haber sido sometidos en su infancia a acoso alimentario.


