Una vez asegurado el diagnóstico de la hiperlipoproteinemia, procede indicar los parámetros nutricionales de la dieta terapéutica apropiada. Ésta no siempre conseguirá normalizar los parámetros bioquímicos alterados, por lo que a veces deberá coexistir con un fármaco.
Independientemente del tipo de dislipemia, debe prescribirse una dieta que permita llegar y/o mantenerse en el peso adecuado. A menudo, deben prescribirse dietas hipocalóricas en una primera fase y normocalóricas posteriormente. Deben tratarse igualmente, los otros factores de riesgo de cardiopatía coronaria, si existen. Los efectos de la dieta se valorarán no antes de 6 semanas de iniciado el tratamiento; caso de no ser efectivo o de ser insuficiente, se esperará un tiempo prudente -algunos meses, según diversos protocolos- antes de iniciar fármacos hipolipemiantes. Hay excepciones: la existencia de patología coronaria, la coexistencia de otros factores de riesgo, los valores alterados muy elevados, un componente familiar importante y algún otro. Pero no debería instaurarse un tratamiento farmacológico sin la prescripción de una dieta adecuada.
Debe indicarse una dieta equilibrada, con las siguientes particularidades nutricionales: a) la energía de la dieta debe permitir mantenerse en el peso adecuado; b) el colesterol alimentario será inferior a 300 mg/día; c) las grasas totales no sobrepasarán el 35% del total energético diario, y d) la relación entre los ácidos grasos saturados (AGS) y los ácidos grasos insaturados (AGI) es importante que sea claramente a favor de estos últimos.



