El magnesio se requiere por formar parte de la estructura ósea y por precisarse en varias reacciones metabólicas. Se recomiendan 250 a 300 mg/día. Al formar parte de la clorofila, abunda en las plantas verdes y en la carne de animales herbívoros. Su carencia no se ha comunicado, aunque sí puede hallarse en el futuro por el progresivo empobrecimiento en este elemento de las tierras de cultivo.
El flúor forma parte de la estructura dentaria. Las poblaciones con aguas pobres en flúor presentan una mayor incidencia de caries dentaria, que se corrige fluorando las aguas. Su presencia en los alimentos es muy irregular.
La carencia de yodo provoca el bocio endémico. El yodo abunda en el agua de mar y, por tanto, en el pescado y el marisco. Existen zonas donde las aguas fluviales y las tierras de cultivo apenas lo contienen. Puede ser útil introducir la sal yodada (ClNa + INa) en estas comarcas.
La carencia de hierro (Fe) causa la consabida anemia ferropénica. Es la anemia de origen nutricional más frecuente en los países occidentales. Las recomendaciones diarias son de unos 12 a 15 mg/día, algo mayores (18-20 mg) en la mujer en edad fértil. De ellos, sólo se absorbe 1-1,5 mg/día. No es fácil obtener y menos aún sobrepasar esta cantidad. Sus fuentes principales son el hígado, las carnes, la yema de huevo, las legumbres y los frutos secos grasos. Caso de existir una anemia ferropénica, una vez diagnosticada su causa y corregida si es posible, debe instaurarse un tratamiento medicamentoso con preparados de Fe, que debe mantenerse durante unos meses. Con la dieta no es posible remontar este estado de depleción marcial.


