El 30% de nacidos no reciben lactancia materna, sino sucedánea. Ello tiende a disminuir en niveles socioculturales medio-altos, pero aumenta en los niveles bajos y en situaciones problemáticas de madre trabajadora. Como cualquier otro acto biológico la lactancia materna no precisaría justificación biológica, pero dada la situación cultural desfavorable al amamantamiento humano, si que es necesario insistir en su conveniencia. Desde el nacimiento hasta el 5.º día se produce el calostro, rico en proteínas, y hasta el 15.º día la leche de transición con mayor cantidad de lactosa y de grasas y a partir de los 15-30 días la leche ya es madura. Los temores a la ineptitud o a la problemática popularmente asociada a la lactación parecen inhibir por vía diencéfalo-hipofisaria el inicio de la lactopoyesis en la embarazada. Por ello, la lactancia materna conviene que se fomente ya durante el embarazo, en la “escuela de madres”. Sin embargo, la motivación positiva, apoyada en la información sobre las ventajas nutricionales, inmunitarias, afectivas y económicas en ningún momento debe llegar a culpabilizar la opción por la lactancia mixta o sucedánea. La succión precoz del pezón durante las primeras horas del puerperio favorecerá la lactopoyesis. Es muy importante que en la sala de partos y en la maternidad se favorezca todo cuanto aumente la relación madre-hijo, así como respetar al máximo el instinto materno en la manera de darle el pecho, ayudando en su caso a que la postura sea correcta: introducir en la boca del bebé el pezón y buena parte de la areola mamaria, con el abdomen del bebé en contacto con el abdomen de la madre. Se aconseja durante los primeros días que se lo ponga al pecho unas 6 a 10 veces diarias, según su demanda. En cada toma se ofrecerán ambas mamas, intentando un buen vaciado. El bebé mamará lo que le apetezca, que es lo que necesita (p. ej., si moja 5-6 pañales al día ya toma suficiente). El número de tomas dependerá exclusivamente de la demanda del bebé. Se recomienda, pues, el método de autodemanda. No el de horario fijo (p. ej., cada 3 o 4 horas), pues ni responde a las necesidades del bebé, ni les ayuda a ambos a crear una correcta interacción. La madre que lacta debe recibir apoyo del equipo de Atención Primaria pediátrica en todas las visitas de este período. El contacto con grupos de madres suele ser de gran ayuda.


