Los hidratos de carbono (HC) además de aportar la masa necesaria para la dieta, suministran la mayor parte de la energía que el organismo requiere. En su ausencia, el organismo emplea las proteínas y la grasa para obtener energía.
Se almacenan como glucógeno en el hígado y músculos. En el recién nacido (RN) el tamaño del hígado es el 10% del adulto y su masa muscular el 2%, la reserva de glucógeno del RN es el 3.5% de la del adulto.
Los HC complejos son metabolizados en el tubo digestivo (TD) a hidratos de carbono (HC) más simples.
Las amilasas salival y pancreática actúan sobre el almidón transformándolo en oligosacáridos
(dextrinas) y disacáridos (maltosa).
En los primeros 4 meses de vida la amilasa intestinal está disminuida. Los disacáridos (lactosa, sacarosa) se absorben intactos por los enterocitos, y a nivel de las microvellosidades hay disacaridasas que completan la hidrólisis hasta monosacáridos ( glucosa, galactosa, fructosa ). La mayor parte del azúcar absorbido se convierte en glucógeno en el hígado.


