Requerimiento de vitaminas y minerales durante el embarazo

A pesar del aumento de necesidades en vitaminas y minerales durante el embarazo y la lactancia, actualmente se considera suficiente el aporte que ofrece una dieta adecuada. Es necesario continuar investigando para revisar y/o determinar las necesidades específicas de muchos oligoelementos, su función y la distribución geográfica. Como ejemplo, la baja incidencia de hipertensión arterial (HTA) inducida por el embarazo entre los Inuit (etnia que habita en el norte de Canadá) se atribuye al elevado consumo de ácidos grasos (omega 3) de pescado y de mamíferos marinos consumidos por esta comunidad.
La vitamina A en altas dosis es teratógena, incluso administrada antes de la concepción. La fuente de vitamina A en toda mujer en edad fértil o embarazada debe ser en forma de betacarotenos alimentarios; si debe prescribirse, no ha de superar las 3.300 UI/día.
Las embarazadas epilépticas tienen mayor riesgo de tener bebés con enfermedad hemorrágica del recién nacido. La administración de vitamina K por vía oral a la madre en el último mes y al recién nacido después del parto parece que previene este riesgo (la vía intramuscular se ha relacionado con aumento del riesgo de cáncer).
Algunas de las relaciones que se han establecido entre déficit alimentarios y morbilidad son: cinc y lesiones del sistema nervioso central (SNC) y alteraciones del crecimiento del lactante; vitamina E y anemia hemolítica, retinopatía y hemorragia periventricular en prematuros; calcio e hipertensión; vitamina A e infecciones, etc. La administración de dosis excesivas de vitaminas (hidro y liposolubles) o de oligominerales tanto en el embarazo como en la lactancia, pueden ser tóxicas o alterar el metabolismo de otros minerales o fármacos. Un factor que no debe olvidarse es la posibilidad de automedicación.
Una dieta adecuada en el embarazo y la lactancia debe ser variada y fraccionada. Incluye diariamente de medio a un litro de leche o equivalentes, dos o tres raciones de verduras u hortalizas (en especial, de hoja verde y tomates), fruta fresca dos veces al día (con cítricos), una ración de pescado o carne, un huevo, una ración de cereales o legumbres, tres rebanadas de pan (mejor integral), una o dos cucharadas de aceite de oliva y más de un litro de agua. Entre los alimentos que alteran las características de la leche materna destacan las alcachofas, las verduras flatulentas, el ajo, la cebolla, los espárragos, etc., que sólo deben suprimirse si el lactante rechaza la leche.

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  • albertdelsol
    toda la informacion no tiene sustento cientifico

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