Su estructura y función difieren de las de la grasa blanca (preferentemente perivisceral y subcutánea). Este tejido pardo tiene menor contenido en triglicéridos, mayor dotación de mitocondrias y una vascularización e inervación simpática mayores en relación con la grasa blanca. La función primordial del tejido pardo es la producción de calor (termogénesis), mientras que el tejido adiposo blanco tiene una función de depósito. En los humanos, la grasa parda se localiza en pequeños depósitos situados en las regiones subescapular y axilar, en la nuca, a lo largo de los grandes vasos y en pequeños paquetes entre las costillas.
Las alteraciones de la capacidad termogénica de la grasa parda podrían estar implicadas en el desarrollo de la obesidad. La importancia de este mecanismo en los adultos humanos, en los que la cantidad de tejido adiposo pardo es pequeña, no es bien conocida; sin embargo, trabajos recientes han demostrado una mayor prevalencia de obesidad en individuos con cambios en el gen que codifica los receptores adrenérgicos beta, encargados de activar la termogenina, sustancia que provoca que la energía producida a nivel mitocondrial no se acumule en forma de ATP y se disipe en forma de calor.


